Este imponente edificio, de líneas robustas y una volumetría única, fue erigido en 1888 como un ejemplar destacado de la arquitectura industrial del siglo XIX. Su estructura consta de tres cuerpos rectangulares dispuestos en forma de T, en torno al núcleo cuadrado del vestíbulo. En la fachada, resalta la majestuosa puerta de acceso, coronada por una ventana que, junto con el lucernario, baña de luz natural el espacio de doble altura en su interior.
Las naves del edificio, cuyo suelo está cubierto con losas de piedra caliza de Colmenar, fueron diseñadas para distintas actividades de matanza según el tipo de ganado.
La fachada exhibe un trabajo arquitectónico impresionante, con paramentos que combinan mampostería y ladrillo, creando cadenas decorativas en las esquinas y en los marcos de las aberturas. El dominio del aparejo se aprecia también en las cornisas trabaja das, los arcos rebajados de los huecos y la imposta con esquinas en el cuerpo central. La cubierta, de faldones de teja plana cerámica (originalmente curva), se apoya directamente en las correas de la estructura. En la cumbrera, se abren cuatro lucernarios de ventilación, destacando el más elaborado, que ilumina el vestíbulo.
Este lucernario no solo permite la circulación del aire, sino que también inunda de luz todo el espacio, rematado por un tejadillo a cuatro aguas con una elegante veleta de forja.
