El castillo de Santorcaz era una fortificación al estilo de las fortalezas de la orden de Santiago en Fuentidueña y Villarejo: un recinto de tamaño medio que no sólo sería la residencia del señor, es decir, del arzobispo de Toledo, durante sus esporádicas visitas a esta jurisdicción, sino que concentraría diferentes dependencias de la administración señorial: la iglesia parroquial, los almacenes en los que se guardaba el fruto de los diezmos y otras rentas en especie que entregaban los vasallos a cambio de protección y gobierno, y probablemente también las viviendas de los servidores de la mitra toledana en este apartado feudo.
Este mirador, que permite disfrutar de una excelente vista del poblado carpetano (siglos III-I d.C.) en el frontero Llano de la Horca, está situado precisamente sobre los restos del palacio arzobispal, colmatados por los derrumbes del edificio hasta formar una plataforma elevada. A sus pies quedan restos de la segunda puerta de la muralla, un acceso directo al área residencial protegido por dos torretas de flanqueo.
De palacio a “torremocha”
En época del arzobispo Pedro Tenorio, es decir, a mediados del siglo XIV, la residencia señorial, en principio una torre del homenaje como en tantos otros castillos, sufrió, al igual que en Alcalá, una gran reforma en la que se ampliaron las estancias y los espacios de representación hasta convertirla en un verdadero palacio. La creciente riqueza de la corte arzobispal requería un marco arquitectónico a su altura, aunque pronto empezó a recibir usos menos protocolarios: desde finales del siglo XV, el arzobispado lo utilizaba como cárcel de clérigos y nobles caídos en desgracia.
Entre sus muros, estuvieron presos el mismísimo cardenal Cisneros antes de su meteórica ascensión en la corte y la controvertida Princesa de Éboli. Aún estaba en pie, aunque en mal estado a mediados del siglo XIX. Seguramente fue en ese momento cuando empezó a recibir el nombre de Torremocha. El artesonado del salón principal acabó en el Palacio Laredo de Alcalá, donde aún se puede apreciar su rica decoración mudéjar.

