Las cabinas telefónicas, fundamentales en la sociedad española desde su primera aparición en 1928 en el Retiro de Madrid, han marcado décadas de comunicaciones en el país. Estos iconos urbanos, iniciales puntos de contacto y comunicación para muchos, requerían inicialmente de operadoras, conocidas como “las chicas del cable”. Su despliegue masivo comenzó en 1963, instalándose primero en Madrid y Barcelona y luego en otras ciudades, operando con fichas y adaptándose en los 70 para funcionar con pesetas.
Durante años, las cabinas permitieron mantener el contacto con seres queridos, especialmente en vacaciones o en momentos de espera, siendo a menudo el único medio de comunicación en pueblos donde no todos los hogares tenían teléfono. Sin embargo, con la llegada de la telefonía móvil en los años 90, comenzó su declive. En 2006, el número de líneas móviles superó al de habitantes. Hoy, el 88% de los españoles nunca ha usado una cabina, o, ni siquiera saben qué son por no haber visto una en la vida.

