Siglo XIII
Erigida en el siglo XIII, la iglesia de San Martín Obispo se construyó apenas un siglo después de que el rey Alfonso VI reconquistase la zona, posiblemente entre los años 1240 y 125. De su primitivo trazado sólo ha llegado hasta nosotros la cabecera, el único elemento que no fue demolido tras la profunda transformación llevada a cabo a finales del siglo XVI o principios del XVII. Fruto de aquellas obras son las tres naves actuales, que quedan separadas por columnas toscanas, unidas entre sí mediante arcos de medio punto. También fueron incorporados un coro, una sacristía y una nueva torre.
Sin duda, el elemento más importante del templo es su ábside mudéjar, uno de los pocos que se conservan en la Comunidad de Madrid y que hacen que esta iglesia sea, desde 2017, Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.
“El mudéjar toledano es, sin duda, la mayor influencia del ábside de la iglesia, ya no sólo por su decoración sino por su construcción, que es una copia de la mezquita árabe luego convertida en iglesia cristiana del Cristo de la Luz, ubicada en Toledo. En este templo, se conservan la parte de las pinturas que se han perdido en el valdilechero, por lo que es posible saber cómo fue en sus orígenes”
Los murales pintados al fresco fueron redescubiertos en el año 1976 por el párroco Antonio Moreno, quien intuyó su presencia debajo del yeso que los cubría cuando descolgaba el retablo.
En el Pantocrátor, Jesucristo aparece sentado en el trono celestial, vestido con una túnica blanca y un manto de tonos rojizos, que destacan sobre un fondo azul. Se encuentra dentro de un óvalo o “mandorla mística”, en el que predominan los colores negro, amarillo y rojo, dispuesto a impartir justicia el Día del Juicio Final.
Le rodea el Tetramorfos (simbología de carácter animal de los Cuatro Evangelistas), si bien solo es posible distinguir nítidamente el león de San Marcos y el toro de San Lucas, mientras que de las alegorías de San Juan y de San Mateo apenas quedan unas alas. Están acompañados por arcángeles (tal vez, Gabriel y Miguel), según se adivina por las escasas trazas existentes.
Debajo del Pantocrátor, en el interior de los arcos ciegos, pueden verse restos pictóricos, muy mal conservador, de diferentes apóstoles, identificados con letreros que aportan sus nombres. Pueden leerse los de “Andreas”, “Petrus”, “Matheus” y “Simon”.
Un Cristo del Siglo XVII
Entre las imágenes que alberga en la actualidad la iglesia destaca por su antigüedad el Cristo Crucificado que preside el altar mayor, una maravillosa talla del siglo XVII.

