En Morata de Tajuña se ubica uno de los pocos museos de España dedicados a la Guerra Civil Española, el Museo de la Batalla del Jarama. Una cápsula del tiempo en la que se pueden ver cientos de objetos personales, salvoconductos, cartillas de racionamiento, mapas, fotografías, octavillas, cascos atravesados por balas, morteros, restos de latas de comida, mecheros, armas, cañones, botellas, periódicos de la época, monedas o billetes que Gregorio Salcedo fue rescatando del olvido de los campos de labranza y olivares cercanos a Morata, en un homenaje a aquellas familias que, como la suya, subsistieron en la posguerra gracias a la chatarra que generó la primera batalla moderna de la Historia.
Todos los objetos de su colección, algunos donados por familiares vinculados sentimentalmente con la batalla y otros adquiridos por el propio Salcedo, hacen un repaso de la contienda; pero no solo desde el punto de vista militar o ideológico, sino, de una forma más profunda, mostrando cómo era la vida de los miles de soldados de ambos bandos que pelearon desde aquel mes de febrero de 1937, hasta el final de la guerra.
Un museo que, como reconoce su creador, “hace llorar”, pero también instruye a las nuevas generaciones sobre un episodio borrado de la Historia de España y donde se muestra el valor histórico de objetos, personajes y hechos sin ninguna pretensión ideológica.
Museo de la Molinería
En el valle del Tajuña, al menos desde el siglo XII, se documenta la existencia de una importante red de molinos harineros hidráulicos que recorría el curso natural del río y que se mantuvieron en activo hasta los años sesenta del siglo pasado.
El Molino de la Huerta de Angulo es uno de estos molinos del Tajuña que, durante siglos, suministraron de harina a los pueblos de Las Vegas. El actual edificio data de principios del siglo XVIII, aunque se presume la existencia de una edificación anterior que podría remontarse de dos siglos antes.
El edificio tuvo distintos propietarios y arrendatarios, siendo conocido a lo largo del tiempo como Molino de Abajo o Molino de la Huerta de la Vega, cuando pertenecía a la casa de Altamira, poseedora del señorío de Morata y propietaria también del batán de paños de la isla Taray.
En 1888, fue reformado por Diego María Jarava, mejorando sus prestaciones y relegando al abandono otro artefacto del municipio, el Molino Hundido. Pero fue a comienzos del siglo XX cuando la familia Mac-Crohón amplió sus instalaciones con una turbina para la generación de energía eléctrica, que dio origen a la chimenea que ahora preside el edificio y que prestó servicio hasta el año 1984, cuando cayó en desuso.
La adquisición del Molino por parte del Consistorio, en 1998, es una parte más del proceso de recuperación de los valores históricos, culturales y turísticos que ofrece el enclave de Morata de Tajuña. El Museo se divide en dos plantas repletas de maquinaria, elementos y aperos de molienda, y cartelas explicativas del proceso de su funcionamiento.

