En este rincón apacible de Belmonte, rodeada de un halo de tranquilidad, se alza la Ermita de San Isidro, un edificio de traza renacentista construido en el siglo XV. Con su estructura de planta cuadrada, muros de sólida mampostería y una elegante bóveda de crucería, la ermita es un testimonio vivo de la arquitectura de antaño. Su cubierta, hecha de teja árabe, está delicadamente adornada con un pequeño arco. El interior, bañado en una luz tenue que se filtra a través de un par de ventanas con cruces de hierro, guarda una pila de piedra de Colmenar en el muro sur, añadiendo un toque de autenticidad y antigüedad. Desde sus orígenes, la ermita ha conservado una campana y una pequeña Cruz latina, sobre cuya base se puede leer “Ermita Virgen de la O”. En 1949, se enriqueció su patrimonio espiritual con la imagen de San Isidro Labrador, momento desde el cual también se la conoce como Ermita de San Isidro, un lugar de devoción y tradición que sigue siendo un punto de encuentro para los fieles y los amantes de la historia.
