Cumplir la normativa es el mínimo; la oportunidad está en ir más allá. La accesibilidad mejora la calidad para más públicos, no solo personas con discapacidad: familias, personas mayores y quienes afrontan barreras temporales o idiomáticas. También refuerza la competitividad: genera confianza, fideliza y reduce incidencias. Enfócalo como compromiso social y gestión inteligente. Empieza por mejoras que aporten autonomía y seguridad: el servicio será mejor para todas las personas.