Construida en el siglo XIX en honor a San Roque, protector contra la peste y otras infecciones antaño incurables. El día 16 de agosto acoge una de las fiestas más singulares del pueblo, cuando es costumbre subir a los niños a besar al Santo y cogerle la torta a su perro. Ese día tiene lugar la Eucaristía en honor a San Roque y, al finalizar, se reparte limonada y pastas entre los asistentes.

